lunes, 23 de marzo de 2020

Pacientes con enfermedades mentales entre sombras y esperanzas 


“En el Perú, las enfermedades mentales representan el 17,5% del total de carga de todas las enfermedades que se reportan en el país. Las enfermedades neuropsiquiátricas ocupan el primer lugar y producen la muerte de más de un millón de personas cada año”, según los Lineamientos de la política sectorial en Salud Mental 2018.

Los trastornos mentales, adicciones, la depresión crónica y los intentos de suicidio son una dura realidad que muchas personas ignoran en nuestro país. Viviendo en una sociedad plagada de crisis política, corrupción y un parlamento ineficiente, los temas de salud mental son los últimos en las agendas de las autoridades.



Prensa mal informada, con datos inexactos y con poca preparación para tratar este tema es lo que vemos hoy en día cuando abrimos un periódico o sintonizamos un canal de televisión y en un programa informativo comparan a un homicida o feminicida con un paciente que sufre algún trastorno mental, debido a la poca formación que tenemos hoy en día en un tema tan delicado como la salud mental. 

El Doctor Luis Elías Licera es psicólogo y terapeuta en el Centro Peruano de Terapia Familiar y de Pareja. Sobre la situación de la salud mental en el país, él respondió: “No creo que haya una prioridad, empezando por el hecho de que no existen, por ejemplo, muchos programas de prevención de la salud mental.

Al nivel del Estado, hay programas sobre la lucha contra la violencia, educación, acoso escolar, el embarazo adolescente, pero programas específicos de la salud mental no conozco. Debido a que la salud mental está relacionada con varios factores, es muy difícil tener un programa que los atienda todos, como el tema de la pobreza, que incide mucho sobre la salud mental. Se necesitan programas muy grandes para atenderlos.”

Quise conocer más de cerca la realidad de personas que se encontraban en completo abandono y qué mejor lugar que el Jirón de la Unión para sacar a la luz historias que posiblemente no vemos como parte de nuestra propia realidad.


A LA ORDEN DEL DÍA: JAIMITO

Jirón de la Unión, un día de semana, 7 de la noche. La gente camina tranquilamente mirando las novedades de las tiendas sin prestar atención más allá de su propia realidad. Jaimito, como le gustó que lo llamara, no sabe ni su nombre, ni su edad, ni donde nació, solo sabe que debe estar ahí mirando a la gente para ver si tiene algo de suerte y le invitan algo de comer.

La indiferencia no le molesta, él se conforma con algo que llevarse a la boca. Que le digan “loquito” no le molesta, que lo llamen sucio o apestoso tampoco, mucho menos se fija en como lo mira la gente, dice que el hambre puede más. Le gusta bailar cuando vienen músicos venezolanos a tocar por algo de dinero.

No le importa andar descalzo y con poca ropa pese al frío constante en medio de la noche. Sonríe y muestra los pocos dientes que tiene. Él, pese a sus limitaciones y pobreza, tiene una esperanza, una sola idea de lo que significa ser feliz pese a su condición. Quedé intrigada ya que él solo tenía una respuesta, una meta en su vida: “vivir”.

Las hermanas de la Iglesia La Merced dicen que le dan refugio en las noches cuando lo encuentran y que padece de “locura”. No saben ni su nombre, ni de dónde viene, pero que no es peligroso. Si hay lluvia o un fuerte frío que podría amenazar su salud, “Jaimito” puede dormir bajo el amparo de la Casa de Dios.

Locura. Es de este modo como catalogan la posible enfermedad mental de una persona. ¿Son nuestras autoridades conscientes de la enorme necesidad que las personas con trastornos mentales tienen por ser visibilizados, respetados y apoyados por quienes deben protegerlos, tal y como se menciona en la reciente reforma de salud mental establecida por el Ministerio de Salud?

Sobre el papel que toma el Estado y el Ministerio de Salud como parte funcional para que la salud mental avance, La psicóloga Yessenia Cruzado, miembro del área de salud mental en el Ministerio de Salud opinó: “No hay una mejora visible. Te aseguro que le hablas a la gente de terapias y lo van a asociar con adicciones. No tienen idea de que hay un mundo más allá de lo que piensan, porque no tienen educación referente a la salud mental”.

NEGLIGENCIAS EN EL SECTOR DE SALUD MENTAL

La salud mental es un aún un tema discutible y un caso tal es el de la señora Denisse Fajardo, madre de dos niñas de dos y cinco años. Su historia es la siguiente: “Mi hija de cinco años estuvo muy feliz en el colegio el año pasado, pero este año empezó con ciertos problemas y en el mes de agosto llegué a enterarme por completo qué era lo que pasaba con mi hija, que estaba siendo víctima de bullying”



La voz de la señora Denisse se quebró un poco e hizo una breve pausa a su relato. Finalmente decidió continuar con lo que quería manifestar: “Me sorprendió el nivel de crueldad de los niños y en gran parte fue conducido por las profesoras, quienes la castigaban constantemente haciéndola botar la basura del aula delante de todos y ese era el castigo por no comer rápido sus alimentos. No notamos nada porque ella no nos lo comentaba, de lo que sí nos dimos cuenta es que ella dejó de comer. Llegó un momento luego de las vacaciones en que me pidió que no la volviera a llevar a ese colegio.” Psicólogo Dante Carlos De La Jara. Créditos: “Mano Alzada”

Lamentablemente por temas económicos, la madre de familia se vio forzada a llevar a su hija de cinco años a una clínica de EsSalud y fue ahí donde conoció al psicólogo Dante Carlos De la Jara, en quien depositó su confianza para poder ayudar a su hija.

Sin embargo, se llevó un trago amargo cuando este hombre las trató de una manera muy agresiva: “Él ya estaba incómodo porque mis niñas no paraban de jugar y correr. Cuando traté de calmarlas me dijo que no me preocupara, que podíamos continuar sin problemas, entonces pensé que estaba siendo empático conmigo y con ellas.”

Él le preguntó sobre su rol como madre y ella contestó lo siguiente: “Le dije que practicaba la crianza respetuosa o que al menos lo intentaba. Le comenté que llevé a mi hija por dos semanas a otro colegio y que lloraba demasiado porque le tenía terror al colegio, así que nos quedábamos juntas en el salón por dos horas y nos íbamos, pero dejamos de asistir porque no vi mejoras.”

La impotencia comenzó a apoderarse de voz mientras continuábamos con la entrevista. Ella continuó: “Mientras tanto él escribía sin mirarme y se incomodaba con mis hijas. Empezó a decirme que soy mala madre, que mi hija es una malcriada, que no las corrija porque justamente quería ver lo mal que las he criado. Me molesté y le dije que por diez minutos de entrevista no me puede juzgar ni mucho menos calificar de mala madre porque él no vive conmigo.”

Me comentó que en aquel momento su esperanza por encontrar una solución para su hija se perdió cuando ese médico le alzó la voz, se sintió traicionada por el mismo sistema de salud. “Se paró para golpear las paredes y a gritar imitando a mi hija. Mi hija de mayor le enseñaba a la de dos años que las paredes eran de drywall y la pequeña también se había puesto a golpear. Yo quise pararlas, pero el doctor se molestaba cada vez que yo volteaba a decirles que eso no se hacía.” Psicología infantil. Créditos a “Psicólogas en Valencia”.

“Entonces, el hombre me decía gritando ‘ella hace esto y golpea así y tú no le dices nada. Sabe llamar tu atención porque más caso les haces a ellas que a mí que te estoy hablando.’ Justo en ese momento me puse de pie para irme y para consolar a mis hijas que se habían asustado con los golpes y gritos del señor en mención, y él muy molesto me dijo ‘¿Ya ves? ni para eso sirves, no sabes escuchar igual que tu hija. Por eso ella es así’.”

Obviamente ella, asustada y perjudicada, colocó su respectivo en el libro de reclamaciones y le dijeron que en un mes le darían la respuesta. No satisfecha, averiguó que el doctor en mención no se encontraba habilitado para ejercer como psicólogo. Sin embargo, seguía trabajando normalmente en una clínica del Estado.



Y, frente a todos estos casos ¿qué tendría que opinar el Ministerio de Salud? ¿Cuál es verdaderamente su aporte con la población que requiere servicios de salud mental óptimos y de calidad como en el caso de Jaimito, Vivi que podría vivir en condiciones mejores y la hija pequeña de la señora Denisse que apenas ha comenzado a vivir y le ha tocado ya vivir una experiencia traumática como el bullying y presenciar el carácter erróneo y poco profesional de un psicólogo no habilitado?

Entrevistamos a la señorita Rita Uribe, Licenciada parte del Equipo Técnico de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud, para que diera su percepción acerca del tema sobre cómo está tratando el tema de la salud mental el propio Ministerio de Salud.

“En realidad siempre se ha hecho (campañas de salud mental). Siempre se hacen campañas, talleres, charlas, pero no resulta efectivo. La gente se sensibiliza en el momento, lo escucha y luego llega a su casa y se olvida. El tema es un trabajo permanente, un trabajo de hormiga que se está logrando, lo de tener servicios cercanos a ti.”

Cuando tocamos el tema de los centros de salud mental comunitarios, ella respondió: “Por ejemplo, un centro de salud mental comunitario tiene una población determinada, ya no es Larco Herrera que atiende a todo el país. Recordemos que la salud mental no es solo un problema de cerebro y de persona, es un problema que denota todas las múltiples necesidades que tiene un individuo, que son: familia, empleo, educación, identidad, derechos, etc.”

Por un lado, respecto a casos como el de Jaimito, la señorita Rita dijo que los centros comunitarios están hechos justamente para personas como él, que no tienen recursos, que pueden vivir en la calle, que no encuentran lugar donde dormir.

Simplemente se les hace un diagnóstico y si sufre de algún problema mental se le hace un tratamiento gratuito y luego se le tramita un documento de identidad en caso de no tenerlo. Si tiene parientes que puedan ocuparse de él, se hará el trámite respectivo, caso contrario puede ser asignado a un hogar de refugiados, donde se le enseñará a vivir por sí mismo y tendrá todas las facilidades para recuperarse.

La señorita Rita hace alusión a que en nuestro país hay mucha desinformación y que, pese a que el Ministerio de Salud se ha encargado de concientizar a la población, los resultados no han sido los esperados. Sin embargo, debemos caer en cuenta de que las instituciones deben tener la conciencia de cómo saber llegar al público y cómo lograr que la información llegue hacia ellos. Actualmente aún es desconocido el tema de los centros de salud comunitarios en el Perú. El estigma sigue entre nosotros.

Respecto al caso de la señora Fajardo se mostró muy sorprendida ya que no llegan denuncias de ese tipo al Ministerio de Salud y aclaró que, el psicólogo en cuestión, al haber sido contratado por EsSalud, el MINSA no tenía relación con esa institución, ya que eran totalmente separadas con respecto al tipo de contratación de personal. Sin embargo, amablemente se ofreció a tomar el caso para ayudar a la hija de la señora agraviada.


NUEVA LEY

Y hablando sobre la nueva ley de Salud mental, ella comentó que la diferencia respecto a la anterior es que ahora la nueva ley determina que los pacientes con trastornos mentales no se recuperan mediante el encierro y que es importante que la familia esté al lado de ellos durante su tratamiento, las personas pueden recuperarse en su propia comunidad, al lado de su familia y de sus propias costumbres.

UN ESTIGMA SIN FIN

Cynthia Ortiz Gallegos es socióloga y trabaja como consultora en apoyo académico en la Organización Ambiental “Haz tu Mundo Verde” y cree que en el Perú realmente vivimos con un estigma marcado respecto a las palabras “psicología” y “psiquiatría”, asociándolas frecuentemente a locura. Sobre la salud mental como problema social, opinó: “En el nivel social es la estigmatización y percepción de la salud mental, la falta de comprensión, de su importancia. A esto se suma que al existir otras necesidades que no son cubiertas se priorizan las que permiten la subsistencia material. En cuanto al Estado, la atención a los problemas principales de un país en proceso de desarrollo hace que se descuiden temas como este”. Úrsula, trabajadora social, tiene una opinión parecida a la de Cynthia, manifestando que asistir al psicólogo o presentar un tratamiento de salud mental ha sido siempre relacionado con debilidad o inseguridad, creándose el supuesto de que debe dar vergüenza y debe esconderse, debido a que la sociedad se muestra tan ligera en brindar opiniones y cuestionar acciones, careciendo de empatía y de ignorar que somos seremos humanos y cualquiera puede verse afectado.

Dentro de la sociedad suele ocurrir que en el entorno familiar no existe una cultura para cuidar la salud mental, es más, ni siquiera se le da la importancia que merece. Es por ello, que cuando un miembro de la familia sufre algún tipo de enfermedad mental, siente algún tipo de represión por manifestar su malestar por miedo a la presión social, a las burlas o simplemente al rechazo de su propia familia.

Es por ello que hoy en día muchas personas que sufren de estos males prefieren guardar silencio antes que iniciar un tratamiento psicológico o psiquiátrico. Úrsula opina: “El entorno resulta ser un medio demasiado influyente en la salud mental de las personas, al encontrarnos en una realidad bastante competitiva y demandante. Los seres humanos nos encontramos en la constante intención de aceptación de la sociedad, esto implica la existencia de una relación de dependencia e influencia mutua entre las distintas partes”.

También está de acuerdo en que las personas prefieren no tomar un tratamiento, ya que esto implicaría reducir sus posibilidades de aceptación en su entorno y limitar su desarrollo tanto personal como profesional.

TRATAMIENTO, EN OCASIONES, INACCESIBLE

Las personas que no cuentan con los recursos para costear tratamientos y medicinas pueden acceder al SIS (Seguro Integral de Salud). Sin embargo, en la actualidad, el proceso de documentación es, en muchos casos, bastante largo. Por lo general en las clínicas públicas la atención por psiquiatría tiene un costo de 19.00 la consulta cuando una persona cuenta con un seguro privado (fuente: Clínica Hideyo Noguchi).

Las medicinas son difíciles de conseguir en cadenas de farmacias como Inkafarma o Mifarma ya que estas son previo pedido y el costo es realmente elevado en comparación a la venta de medicinas en las mismas clínicas de salud mental. Haciendo un pequeño estudio con una paciente de salud mental en la Clínica Hideyo Noguchi que hizo la compra de sus medicinas (Fluoxetina, Topiramato y Risperidona) en la farmacia de la clínica para dos semanas de consumo, el precio total fue de 21.48 soles. Nos animamos a ir con la misma receta a una farmacia privada y el total por la misma cantidad de pastillas nos dio el total de 140.80 soles. Sin duda, una gran diferencia de precios.

No sabemos qué tanto bien pueda hacer la nueva ley respecto al cambio que se busca hacer. El encierro no es una opción, sin embargo la rehabilitación sí lo es. Esperemos que el Ministerio de Salud pueda mejorar sus estrategias para la difusión de información.

Que, de este modo, se pueda lograr que el Perú deje de estar tan estigmatizado respecto a la salud mental y no solo se preocupe por abrir nuevos centros comunitarios, sino también por mejorar los establecimientos de salud ya existentes, para que los internos y pacientes puedan gozar de mejor atención y terapias para su pronta recuperación.